sábado, octubre 07, 2006

Diez

Sí, pertenezco a las dos clases de giles, los que prestan libros y los que los devuelven. De todos los que he perdido, aquí va la lista de los diez que más me gustaría recuperar y que, me temo, voy a terminar comprando por segunda vez.

Uno: Nuestros antepasados, Italo Calvino

La trilogía formada por El vizconde demediado, El caballero inexistente y El barón rampante está entre lo mejor que he leído de Ìtalo Calvino. Me gustó sobre todo la tercera novela, que lleva al extremo el pie forzado del personaje que, una vez que trepó a un árbol, nunca volvió a pisar la tierra.

Dos: La conjura de los necios, John Kennedy Toole.

Un clásico contemporáneo, levantado más aún por la tragedia: el manuscrito fue rechazado por todos los editores y el autor se suicidó. Sólo la porfía de su madre logró que fuera publicado. Sombría y fascinante historia, en una Nueva Orleans que no parece parte de Estados Unidos.

Tres: Los restos del día, Kazuo Ishiguro.

Una de las mejores novelas de todo el dream team británico. Inolvidable, melancólica, sabia. Ver otra vez la película de Ivory no alcanza, me gustaría volver a leer el libro. ¿Cuándo? Da lo mismo, lo que importa es tener la posibilidad de hacerlo.

Cuatro: La piedra lunar, Wilkie Collins.

Tuve la edición Montesinos y la presté. En España compré la de Ediciones B; no había terminado de releerla cuando se me perdió. Tiene humor, misterio y personajes entrañables, como el mayordomo que bebe la sabiduría del mundo en frases escogidas al azar en las páginas de Robinson Crusoe.

Cinco: Kafka. Por una literatura menor, Gilles Deleuze y Felix Guattari.

Breve ensayo, de lo más comprensible y provocador que escribieron. Trabajan la idea de que la mejor literatura se produce en los márgenes del idioma, en el alemán de Praga, en el inglés aprendido por Conrad, ¿en el castellano de América Latina? En fin, creo que sería útil revisitar el libro.

Seis: Acto de servicio, Heinrich Böll.

Alguna vez tuve varios de sus libros; queda uno. De los que se perdieron echo de menos éste, una novela curiosísima, de tono menor, casi como en sordina, sobre una acción de arte que llevan a cabo dos veteranos de la II Guerra Mundial, por la que son sometidos a juicio. Del resto no me acuerdo, pero sé que me gustaron. Por eso los presté, y por eso están ausentes.

Siete: El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad.

Hace poco -cuando estaba revisando el artículo sobre Vietnam- me di cuenta de que ya no está entre mis libros. Nada que hacer, es obligación tenerlo; no sé si es la mejor novela de Conrad, pero sí sé que en algún momento la voy a releer, y para eso tiene que estar.

Ocho y nueve: La historia de Sailor y Lula y La vida desenfrenada de Sailor y Lula, Barry Gifford.

El primer libro es la historia madre, por así decirlo, que dio origen a Wild at Heart, de David Lynch. El segundo se compone de cuatro novelas cortas que intersectan con la anterior en algún punto: futuros posibles, desarrollos alternativos. Gifford es injustamente desconocido y un escritor magnífico.

Diez: El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki.

Sé que volverá. Lo he comprado y regalado varias veces. Es un ensayo notable sobre el contraste entre la cultura occidental y la cultura japonesa, que va rodeando lentamente el tema hasta adentrarse en el corazón de la diferencia, en la penumbra de las casas con techos casi hasta el suelo y la insolencia radiante de la luz eléctrica.

8 Comments:

Blogger nadie said...

dos cosas

1. El corazón de las tinieblas en alianza lo encuantras en cualquier librería y se te deshojará, pero vivir si él es peor (que horror lo que puede salir de los dedos de una). No es una exageración. Una vez pensé qué libro me llevaría si tuviera que llevarme un único libro a una isla desierta (demás está decir que la pregunta es muy muy tonta) y pensé en él. Yo lectora furibunda de poesía me llevaría a Conrad. Lo tengo conmigo, cuando me separé agradecía que cada uno tuviera su ejemplar, igual envidiaba que el de él estuviera pulcro sin lectura alguna y el mío como ya te dije, pero en fin.

2. he perdido muchos libros, muchos, soobre todo libros que no volveré a encontrar como Armando Rubio Huidobro, ediciones que hoy valen sobre 50 lucas de Teillier o incluso Lira en las ediciones minga, perdí también un libro de salvatore quasimodo que, además de todo, fue la última compra que hice en mi adorada mímesis. Pero el que más me indigna es el Retrato en espejo Convexo de Jhon Ashbery que se lo quedó Warnken Lihn y nunca me lo devolvió, descubrí que hace casi diez años que no lo tengo y lo tiene él. Fue un regalo de mi hermano. Además la edición tiene la belleza de traer una pequeña reproducción de la pintura en cuestión, así que imagina...sí, no me digas nada, no es ningún consuelo que ande otra gil perdiendo libros, sòlo quería que lo supieras.

sábado, octubre 21, 2006 5:05:00 p.m.  
Blogger nadie said...

y la fe de erratas

Donde dice encuantras debe decir "encuentras"
Donde dice si él es peor debe decir "sin él es peor"
Donde dice "soobre" debe decir.....¡sí!: "sobre"
Donde dice "Jhon" debe decir "John" , pero de eso nunca estoy segura
Donde dice "gil" debería decir "gila" pero pucha que suena feo.

sábado, octubre 21, 2006 5:11:00 p.m.  
Blogger Rodrigo Pinto said...

Gracias por la solidaridad, Nadie. Al final, está bien que los libros circulen. Claro que lo ideal es que vuelvan, especialmente los que uno más quiere y que presta para compartir el placer de la lectura, pero si no ocurre, en fin, nada que hacer.

He buscado El corazón de las tinieblas, precisamente en esa edición de Alianza que se desarma, pero parece que está agotado. Ya llegará.

Y ya puedo al menos descontar uno de los diez. Gracias, E.A., por el Gifford.

lunes, octubre 23, 2006 2:42:00 p.m.  
Blogger nadie said...

Sabes? la idea de abandonar un libro y todo eso, que aveces dulzona y todo, me hizo dejar una segunda copia que tenía de morir en berlín obedientemente en el metro, el día en que dijeron que había que hacerlo. Hasta el día de hoy me tortura la idea de que, teniendo el metro ese servicio tan eficiente de cosas perdidas, haya quedado ahí, en un estantito, un cajón, una bodega, qué sé yo el libro. No sé si los libros deben circular como las ideas y los deseos, deberían ser accesibles, estar ahí de la mano de alguien que los disfrute...Me dan ganas de decirte cuantas veces me lo he topado y que la próxima vez te lo envío. En fin. Ya llegará, como dices.

martes, octubre 24, 2006 4:18:00 p.m.  
Blogger Rodrigo Pinto said...

Pues al final era cosa de preguntar y no sólo mirar en las estanterías. La edición de Alianza no está porque Arrayán, la distribuidora en Chile, dejó de traer libros; pero encontré una EDAF menos bonita, pero bien traducida.

Gracias por el interés.

Saludos

martes, octubre 24, 2006 5:47:00 p.m.  
Blogger nadie said...

claro, ugghhhh, sorry...yo hablaba todo el tiempo de libros usados, por eso no lo habías visto...

Que bueno que volvió.

pd: he leído todo tu blog, me encantó, habrá que agradecer a cienfuegos

martes, octubre 24, 2006 9:53:00 p.m.  
Blogger nadie said...

acabo de descubrir que me robaron el mago de oz
lo escribo aquí donde las cosas aparecen

saludos rodrigo

viernes, noviembre 03, 2006 12:18:00 a.m.  
Blogger nadie said...

el dvd, de mi hija

viernes, noviembre 03, 2006 12:18:00 a.m.  

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