sábado, junio 20, 2009

El gaucho insufrible


Comienzo a recuperar reseñas antiguas sobre narrativa latinoamericana. Ésta fue publicada en la revista "El Sábado" de El Mercurio en noviembre de 2003.


La primera obra póstuma de Roberto Bolaño, muerto hace pocos meses a la edad de cincuenta años, tiene todo el aire de un testamento puesto que revela, con mayor claridad que nunca, la lucha del escritor con la enfermedad que lo aquejaba. De ello habla explícitamente en uno de los dos ensayos que cierran el volumen, Enfermedad + literatura = enfermedad, una mirada de una fiera agudeza y claridad sobre los límites de la literatura y de la vida, que, en casos como Bolaño, viene a ser lo mismo, y que resume, de manera amarga, citando un verso de Baudelaire: ¡En desiertos de tedio, un oasis de horror! Según Bolaño, “no hay diagnóstico más lúcido para expresar la enfermedad del hombre moderno”.

El segundo ensayo es un feroz ajuste de cuentas con los escritores, o, mejor dicho, con las escribidoras y los escribidores, con el mercado y con el glamour que parece hoy una compañía imprescindible para el ejercicio de la literatura. Como se dijo en un reciente homenaje a Bolaño, él practicaba –y practica en este texto- el arte de la injuria, pero, hay reconocérselo, nunca de manera injusta. Las cosas como son: hay quienes hacen literatura y quienes hacen operaciones de mercado.

La primera parte del volumen son cinco cuentos, tocados todos por esa premonición del fin que asalta toda su obra reciente. En Jim, el más breve, conocemos al americano más triste del mundo, un cuento que podría perfectamente adscribirse al ciclo de Los detectives salvajes. Los dos cuentos siguientes, El gaucho insufrible y El policía de las ratas, están entre los mejores cuentos que escribió Bolaño. El primero es un homenaje limpio, sereno, entrañable, a la deuda que la literatura tiene con Jorge Luis Borges. El segundo, un homenaje a Kafka, un autor que se suele mencionar en la genealogía de Bolaño. Y en ambos, la justicia es el bien elusivo, tanto para Pereda, abogado reconvertido en gaucho que no puede solucionar las miserias de la Argentina empobrecida, como para Pepe el Tira, el detective asediado por un atroz descubrimiento: sí, contra todo lo que se sabía, contra todo el orden establecido en el submundo de las alcantarillas, las ratas matan ratas. Y en ambos también el estilo de Bolaño alcanza nuevas cotas, una manera de narrar que nos hará lamentar, una vez más, su prematura muerte.

El viaje de Álvaro Rousselot se inscribe en otra de sus líneas narrativas, la literatura como objeto de la literatura, y el último, Dos cuentos católicos, pone en escena un desfile de psicopatías que cruzan sus líneas en dos relatos paralelos, de un implacable humor negro y un ritmo febril.

Se ha dicho que Bolaño es un escritor difícil y, por cierto, como lo reconoció en Chile su editor, Jorge Herralde, sus lectores son hasta ahora minoritarios. Pero no hay un autor chileno actual que merezca tanto una atenta lectura. En muchos sentidos, es quien mejor supo interpretar eso tan elusivo y misterioso como el alma nacional en sus libros.

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1 Comments:

Blogger René López Villamar said...

Para mi "El viaje de Álvaro Rousselot" es el mejor cuento de Bolaño y sin duda éste es su mejor libro de cuentos.

Curiosa la nota final sobre la minoría de sus lectores. Cómo cambian las cosas en 6 años. Con su traducción al inglés, cada vez son más.

Saludos

sábado, junio 20, 2009 10:46:00 p.m.  

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