lunes, mayo 14, 2007

Dos clásicos

Reseñas publicadas recientemente en la revista El Sábado de El Mercurio

Sesenta relatos

Dino Buzzati es más conocido para el lector español por una película, El desierto de los tártaros (1976) dirigida por Valerio Zurlini y protagonizada por un elenco pocas veces visto en la historia del cine europeo: Vittorio Gassman, Giuliano Gemma, Philippe Noiret, Francisco Rabal, Jacques Perrin, Fernando Rey, Jean-Louis Trintignant y Max von Sidow, entre otros. La novela fue editada por Alianza en el mismo año del estreno cinematográfico, aunque la edición italiana es de 1940. Ambas obras discurren en sordina, en una lenta, morosa y angustiante espera de que finalmente se concrete la amenaza que pende sobre la guarnición de la fortaleza en el borde del desierto. Abierta a mil interpretaciones, con resonancias de la gran tradición narrativa de la Europa central, la novela escapa de su tiempo -un tiempo bélico- y se inscribe como una de las grandes fábulas sobre la existencia humana.

Más allá de Italia, el autor podría haber quedado como el responsable de una obra maestra, y nada más. No es un mal destino (aunque, ciertamente, sería bienvenida una reedición de la novela), pero el azar ha sido benévolo y hay más Buzzati disponible. En 2003, Emecé publicó El derrumbe de la Baliverna, una colección de relatos breves de raro misterio y poderosamente imaginativos; y en 2006 apareció Sesenta relatos, seleccionados y publicados con ese título por el mismo Buzzati en 1958. Aunque publicó algunos cuentos más antes de morir, aquí está lo principal y mejor de su copiosa obra en este género, que cultivó con maestría y contra la corriente o contra las corrientes: escritor inclasificable, es posible establecer sus raíces, pero su narrativa creció en direcciones inesperadas. Un relato cotidiano -y hasta sórdido- se transmuta, casi sin mediar transición, en una historia de resonancias apocalípticas. En los canales australes se verifica una batalla naval entre fuerzas que unen lo fantasmal con lo terrible. Una broma de mal gusto tiene efectos impensados e irresistibles. No son sólo ejemplos de originalidad en el tratamiento del relato, sino también una pálida muestra de cómo Buzzati se zafó de las discusiones en boga para levantar un proyecto narrativo que permanece incólume ante el paso del tiempo.

Sesenta relatos
Dino Buzzati
Editorial El Acantilado, Barcelona, 20
07. 613 páginas.


Bomarzo

El escritor argentino Manuel Mujica Láinez (1910-1984) llegó tarde, pero llegó, a los beneficios del boom de la narrativa latinoamericana en la década de los sesenta, cuando ya había publicado buena parte de su obra. En 1963 recibió el Premio Nacional de Literatura en Argentina; y un año antes publicó Bomarzo, novela histórica ambientada en la Italia renacentista, único libro suyo que permanece en los catálogos editoriales. La historia del autor es ejemplar: gracias al boom (y a Bomarzo), el conjunto de su obra gozó de una efímera fama. Cuentos y novelas históricos que fatigaban la crónica de Buenos Aires, muy lejanos en calidad y proyección a los de Borges o Marechal o Mallea, y, ya a la sombra directa del frondoso árbol del boom, obras que exploraron sin mucho brillo el filón del realismo mágico, se editaron y se leyeron con gran generosidad. De todo ello sólo sobrevive la novela italiana, que no fue adaptada al cine pero sí fue la base de una ópera que la crítica calificó y califica aún de “mítica”, a cargo del compositor Alfredo Ginastera.

La primera edición de Bomarzo en la editorial Sudamericana pertenecía a una colección de tamaño pequeño y, por ello, era grotescamente gruesa, aparte de mal encuadernada. Un libro que costaba leer, en papel de mala calidad, que se desarmaba y que, sin embargo, atrapaba de inmediato. El jorobado de Bomarzo, el heredero mal querido, el creador del Bosque de los Monstruos, el conspirador cortesano, el personaje histórico herido por la promesa de un destino singular tanto como por la grotesca joroba que le mereció el desprecio, si no el odio, de su padre, es un personaje fascinante que Mujica logró atrapar con pleno éxito. Bomarzo, a pesar de las 700 páginas, no cansa e incluso se relee con placer, aunque la pesada ornamentación del lenguaje dé, a estas alturas, un poco de risa, por ese curioso supuesto de que una novela histórica debe estar escrita de manera arcaizante. No deja de haber ahí cierto misterio. El autor no merece, en general, más que la mención de rigor por los premios que obtuvo, pues es de aquellos que el tamiz de la historia condena inexorablemente al olvido. Y, sin embargo, Bomarzo, la menos argentina de sus novelas y probablemente una de las menos latinoamericanas de la historia, sigue convocando lectores. Larga vida al duque de Bomarzo, Pier Francesco Orsini.


Bomarzo
Manuel Mujica Láinez

De Bolsillo, Buenos Aires, 2007. 699 páginas.

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