jueves, octubre 04, 2007

El maletín literario


Habría que comenzar por recordar uno de los usos de maleta en el habla popular criolla. A la maleta es a mansalva, pero probablemente derivado de a la mala y no del artefacto que suele acompañar a las personas en sus viajes (aunque también hay mochilas, bolsos marineros, bolsos a secas, baúles y algo más). De maleta deriva maletín, es decir, maleta chica, que acompaña a las personas, más comúnmente a los hombres, en sus trámites cotidianos, para transportar papeles, libros, colaciones, condones, útiles de escritorio y vaya a saber uno qué más. No confundir con el bolsón, reservado antaño a los escolares que hoy usan mayoritariamente mochilas; un adulto con bolsón lleva maletín, no bolsón. El maletín podría ser, entonces, la pareja de la cartera, reservada exclusivamente a las mujeres, aunque algunas de ellas van por la vida de maletín, que no de maleta o de mal genio.

49 libros ocupan aproximadamente un metro lineal de estanterías. Depende del grosor de los volúmenes, claro está, pero cualquier orden basado en categorías tales como autor, tema o t
ítulo será necesariamente aleatorio respecto de variables como peso, número de páginas o centímetros de lomo y así, aunque, por ejemplo, en la letra D encontremos a Dostoievski representado por Los Hermanos Karamazov, libro obligatoriamente generoso en centimetraje lomístico, la tendencia será que cada 49 volúmenes se ocupe un metro lineal de estantería (precisemos: bien apretados, sin aire, de manera que hasta cuesta sacarlos, caben 55, promedio elaborado sobre una base estadística de aproximadamente tres mil volúmenes; pero así no vale, la idea es que puedan entrar y salir, que lleguen otros, en fin, que haya libertad de movimiento en la estantería).

Tema que nos conduce de manera directa a un problema que se acentuará en los 130 mil hogares de bajos ingresos que suelen vivir en casas o departamentos sumamente reducidos y de mínimo mobiliario, si se exceptúa, por cierto, a los electrodomésticos (el censo y la Casen demostraron que faltará la plata, pero no la tele de hartas pulgadas, mejor si es de plasma, o el refri). Ya se sabe, en todo caso, que cada maletín no tendrá todos los volúmenes, sino una selección distribuida aleatoriamente, de manera tal que cada familia recibirá, pongamos por caso, 12 libros (distintos, en su mayoría, de los que recibió el vecino). El total será distribuido en unos seis mini maletines, representativos maletín madre, que a estas alturas podríamos denominar tranquilamente maleta.

Sea entonces maleta de 49 o maletín de 12 más diccionario, se mantendrá el problema enunciado en el párrafo anterior: ¿dónde guardarán los libros? El requerimiento, en términos de metros lineales de estantería, se reduce a 25 centímetros. Poca cosa, pero, sin duda, inexistente en la inmensa mayoría de aquellos hogares. Habrá superficies planas, sobre la cómoda, por ejemplo, si la hubiera, o sobre algún mueble similar, en cuyo caso sólo se requerirá de un par de sujeta libros, objetos que, por algún atavismo hasta ahora inexplicable, solían contarse en el tipo de trabajos manuales que tenían o tienen que realizar los educandos.

Claro está que existe el riesgo cierto de que se invierta el orden de los factores y en este caso sí que se altera el producto. Bien puede suceder que los libros, en lugar de recibir un lugar dentro del mobiliario disponible, se incorporen a él cumpliendo alguna otra función. Alguien me contó la anécdota de una señora que no hallaba qué hacer con sus libros, porque ya tenía tres. Sí, tres. De manera que perfectamente pueden pasar a dejar de ser libros, es decir, objetos destinados a la lectura, para convertirse en taco para equilibrar la pata coja de la mesa, posa vasos, velador y lo que sea que dicte la imaginación del usuario.

En breve, creo que la iniciativa del maletín literario se basa en la falacia de que basta que la gente tenga acceso a los lib
ros para que se conviertan en lectores. Quizá Steven Levitt, el autor de Freakonomics, tuvo algo que ver con ello, al demostrar que existía una correlación positiva entre la existencia de libros en los hogares y el rendimiento escolar, mejor donde hay y peor donde no hay libros. Ocurre que eso es lo que puede demostrar Levitt con los números, pero no hay que ser un halcón para ver que la correlación real está en que, donde hay libros, suele haber personas que leen libros; y que, donde no hay libros, suele haber personas que no leen libros. Para fomentar el hábito de la lectura en los niños, entonces, hay que hacer leer a los adultos, y ello requiere mucho más trabajo y motivación que recibir un regalo que para mucha gente será tan exótico como un ornitorrinco cruzado con un puercoespín.

No quise ser maletero, aclaro.


7 Comments:

Blogger ricardo flores said...

¿Y usted, en qué lugar de su amplia biblioteca colocaría ese engendro entre el ornitorrinco y el puercoespín?

RF

sábado, octubre 06, 2007 9:27:00 a.m.  
Blogger Rodrigo Pinto said...

Pregunta equivocada.

sábado, octubre 06, 2007 10:47:00 a.m.  
Anonymous nadie said...

en un país donde las casas que entrega el estado vienen sin puertas y sin escaleras, donde la cultura del exitismo convierte a los pobres en perdedores y a los ricos en ganadores, donde el patrimonio cultural -cualquiera que éste sea- se está demoliendo en cada esquina, donde las bibliotecas públicas no existen y donde las poquísimas que existen son subutilizadas,un país donde la calidad de la enseñanza ha sido supeditada a la cobertura y la libertad de enseñanza está por sobre el derecho a la educación, en un país donde el colegio no entrega el mínimo de competencias para la comprensión lectora, parece exótico esto de un maletín de libros, es cierto. Un maletín que en sí mismo no tiene nada de malo, pero que cuando es EL reflejo de la política pública dirigida a favorecer el hábito de la lectura resulta escasísimo y hasta irrisorio.
A veces la distancia de los técnicos estatales con la realidad asusta (y mucho).

lunes, octubre 08, 2007 11:53:00 a.m.  
Blogger Rodrigo Pinto said...

Nadie, por ahí van los tiros. Los libros no crean automáticamente lectores. Y a propósito de estanterías y maletines, cito a Vivian Lavín, de una columna publicada en el sitio web de la Radio Universidad de Chile:

"Y como el producto es el “maletín literario” uno de los requisitos es que los libros quepan en él, un adminículo que aún no ha sido diseñado físicamente pero que debe tener a varios empresarios del rubro de la marroquinería sobándose desde ya las manos."

http://www.radio.uchile.cl/notas.aspx?idNota=41313

lunes, octubre 08, 2007 2:24:00 p.m.  
Blogger ricardo flores said...

Disculpe.
Atte,
RF

martes, octubre 09, 2007 8:11:00 a.m.  
Blogger Rodrigo Pinto said...

No problemo, don Ricardo.

martes, octubre 09, 2007 11:31:00 a.m.  
Anonymous Marcelo Sánchez Ahumada said...

Por cierto si alguien me regalara una plancha, no significaría en absoluto un incremento sistemático de mis capacidades domésticas. Aun si , en un arrebato de inspiración artística, el generoso benefactor de la presentación personal decidiera regalarme una plancha a carbón por sus innumerables propiedades contra las arrugas y su increíble compromiso estético como artefacto de colección. Será probablemente este último el uso escogido por mí para tan particular regalo, es más, podría asegurarles que combinaría muy bien con espacios intrascendentes de mi hogar. Pues bien, es claro que el sólo hecho de recibir un generoso regalo no garantiza en absoluto su valoración más allá de la gratuidad con que se entrega.
Por el contrario un regalo impuesto puede ser signo de molestia y contrariedad para quien lo recibe ( si no me cree , regale a su señora un artefacto como el mencionado o algún otro utilitario gastronómico en su aniversario).
Es por lo anterior que el sentido común nos indicaría que un regalo ha de considerar no solo lo que creemos sea lo mejor para el otro sino sus intereses y por supuesto su predisposición a usarlo o valorarlo.
Esa lógica también nos indica que en lo posible dicha empatía se traduzca en un ejercicio directo o indirecto de libertad como manifestación de confianza y vínculo. Todo esto valga para tratar de entender los fundamentos o la falta de alguno de ellos en la legítima discusión en torno al maletín literario. Pensar que por el solo hecho de entregar un set de libros vamos a fomentar la lectura es subestimar las grandes necesidades en el aprendizaje y la transferencia cultural en sectores más deprivados. Por cierto que contribuye, pero en absoluto resuelve el problema de fondo que es motivar la lectura como herramienta de desarrollo personal e inserción laboral, mediante la adquisición de hábitos y competencias que proporcionen las capacidades para entender el entorno y fomentar el diálogo.
Otro elemento que requiere revisión es la configuración del maletín de manera dirigida y centralizada con el aporte de expertos. No se puede generalizar en realidades tan heterogéneas, conviene diagnosticar particularidades a nivel provincial o regional en especial para definir contenidos más cercanos al entorno inmediato del lector a fin de reforzarlo en su cotidianeidad .
Asimismo es discutible que el proceso de selección refuerce un solo tipo de enseñanza en circunstancias de la existencia de distintas modalidades.
Por último, es conveniente crear mecanismos de inserción curricular del maletín salvaguardando en lo sustantivo la libertad de elección a través de los consejos escolares.
Sin duda proporcionar recursos a la lectura es un gran avance que debe ser ampliamente estimado, pero es condición hacerlo con el mayor impacto y eficiencia de ellos.
El libro es fuente inagotable de riqueza intelectual pero también es piedra angular de nuestro desarrollo humano, escribimos porque sabemos que no estamos solos, porque hay alguien con quien queremos comunicarnos.

viernes, octubre 12, 2007 3:38:00 p.m.  

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