martes, junio 05, 2007

El río Congo

El largo título del libro es elocuente y merecido. El río Congo. Descubrimiento, exploración y explotación del río más dramático de la tierra recorre, en casi quinientas páginas, una historia impresionante de osadía, despojo, explotación y muerte, a lo largo del curso del río majestuoso que recorre el corazón de África. El corazón de las tinieblas. El Nilo, el Congo y el Níger, los tres grandes ríos africanos, despertaron desde muy antiguo la imaginación y la inquietud en Occidente, pero, de los tres, el Congo fue siempre el más misterioso, porque su curso errante recorría los lugares más ignotos del continente más tardío en su incorporación a los mapas.

El río que se traga a los demás ríos. Tal parece ser la raíz etimológica de Zaire, incorrecta pronunciación en portugués "de la antigua voz kikongo nzadi o nzere", que significa precisamente eso y que por ello ha sido reinvindicada por el nacionalismo africano como el auténtico nombre del río y del país que se extiende en una de sus riberas. Pero, como bien apunta Forbath, el nombre Congo despierta innumerables ecos en la memoria colectiva y sigue presente en la historia contemporánea, además de ser, por cierto, una voz de auténtico e incontaminado origen africano.


Peter Forbath, inglés, murió en 1998. Fue periodista, historiador y novelista, no necesariamente en ese orden. Varias de sus obras se relacionan con el Congo y tienen como base su trabajo como corresponsal de la revista Time en África. No hace falta -aunque sin duda que deben ser de interés- leer otros de sus libros para calificarlo como uno de los clásicos ensayistas ingleses que, sin la necesidad de un voluminoso aparato crítico con gran despliegue de notas a pie de página y contundentes bibliografías, es capaz de producir una obra tan erudita como apasionante, tan grata de leer como firme en sus opiniones y juicios. Quiso escribir la gran historia del río Congo, emulando obras similares sobre el Nilo y el Níger, y sin duda que lo logró. Adentranse en sus páginas es navegar varias veces, o en varios sentidos, el curso del río, desde la descripción geográfica y etnográfica hasta cómo fue adquiriendo forma en los mapas y, finalmente, cómo el río y los vastos territorios de su cuenca y los pueblos que habitan en sus riberas han escrito, y siguen escribiendo, una historia trágica como pocas. Los mercaderes del norte de África que trafican (lo siguen haciendo) esclavos desde hace siglos, las naves europeas que se acercaban a las costas a cazarlos y embarcarlos, la furia homicida de tribus divididas por disputas inmemoriales, el exterminio feroz a que fueron sometidos por los invasores belgas que pagaban por pares de orejas a endurecidos mercenarios, la conflictiva carrera hacia la independencia, el abandono europeo, las secuelas terribles de guerras civiles, tribales y territoriales en el corazón de África, en El corazón de las tinieblas, son los principales hilos de la trama que Forbath desarrolla en un libro ejemplar e inolvidable.

(Lo comenté en El Sábado hace unos años, pero luego perdí el texto de la reseña y, lo que es mucho peor, el libro. Ahora que lo reincorporé a la biblioteca todo vuelve a su orden, está el libro y escribo otra reseña).

Coda uno

El escritor polaco Henryk Sienkiewicz ganó el Premio Nobel de Literatura en 1905. Su obra más conocida es Quo Vadis. Yo lo recuerdo, sin embargo, por otra de sus novelas, Entre selvas y desiertos (también editada con el título de A través del desierto y de la selva), una de las primeras culpables de mi adicción a la lectura. La leí cuando tenía ocho años, creo, y tuve que estar un mes y medio en cama enfermo de hepatitis. Nunca he vuelto a encontrarla y por cierto que me gustaría revivir esa experiencia de lectura. La historia transcurre en África y lo que recuerdo es lo siguiente: dos niños son secuestrados en Port Said y arrastrados hacia el desierto. En algún momento se libran de sus captores, pero su fuga los lleva cada vez más al interior del continente y más lejos, por tanto, de quienes han partido en su búsqueda. Tras muchas aventuras y desventuras, se encuentran con sus padres (creo) en las inmediaciones del Lago Victoria. Han pasado, pues, por la cuenca del río Congo.

(Buscando una foto de la portada descubrí que Fernando Savater editó (y probablemente prologó) este libro, con el simplificado título de A través del desierto. Seguiré persiguiendo alguna copia disponible en papel o en ceros y unos).

Coda dos

Leí y comenté para El Sábado la novela Vaso roto, de Alain Mabanckou, congoleño. Aquí va la reseña, publicada el sábado 2 de junio.

Muy poca literatura africana llega a los catálogos editoriales y menos aún a las librerías criollas. Salvo los sudafricanos Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, el nigeriano Wole Soyinka y el egipcio Naguib Mahfouz (todos ganadores del Premio Nobel de Literatura), son contados con los dedos de la mano los escritores africanos que logran vencer las barreras de la distancia, la cultura y el lenguaje, aunque valga recordar que los laureados escriben en inglés y francés. Incluso, cuando se habla de escritores africanos que han recibido el Nobel, hay quien menciona a Albert Camus, porque nació en Argelia, pero eso sí que es estirar demasiado la cuerda. De manera que el colonialismo y sus consecuencias, o las políticas imperiales de dominación, siguen siendo el telón de fondo donde se inscribe la práctica de la escritura de ficción en el continente más ignorado de estos tiempos, que sólo hace noticia cuando las imparables guerras civiles alcanzan nuevas cotas de brutalidad.

Así las cosas, es muy difícil situar en el adecuado contexto obras como Vaso roto, del congoleño Alain Mabanckou, quien escribe en francés, cita a García Márquez, Vargas Llosa, Moliére y Kenzaburo Oé, entre otros, y hace clases en la U. de Calif
ornia-Los Angeles. En realidad, aquello sólo confirma la situación de las narrativas marginales, que son capaces de asimilar e incorporar literaturas provenientes de muchos otros lugares, pero no por ello abandonan su condición periférica. A Mabanckou, además, el crítico de Le Monde le hizo un flaco favor al presentarlo como "una suerte de Bukowski congoleño". No tienen nada que ver, salvo, quizá, la presencia del alcohol en sus obras (al menos en ésta). El protagonista de Vaso roto recoge historias en el bar el "Crédito se fue de viaje", historias trágicas, todas, pero pasadas por el tamiz del humor sarcástico, y a través de ellas desarrolla una potente sátira en contra de quienes han llegado al poder en África en las últimas décadas. Escritor político en el mejor de los sentidos, gana la simpatía del lector con los personajes desesperados y la trama dislocada que nunca pierde el punto focal: situar al Congo –el Congo actual, no el mítico del río de Stanley y Livingstone– en el mapa de la literatura contemporánea.

Vaso roto. Alain Mabanckou. Editorial Alpha Decay, Barcelona, 2007. 169 páginas.

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